En septiembre de 1988 aparecía en antena por primera vez Jerry Philips como presentador de las noticias de la noche en la BBC. Una semana más tarde estaba en boca de todos. Era completamente distinto a cualquier otro presentador de noticias que hubiese aparecido en el pasado. Su mirada intensa, la cadencia en su voz, la media sonrisa al finalizar cada frase y su continuo movimiento de manos sedujeron de inmediato a toda la sociedad británica de la época. Para ellas, era elegante y seductor, sensible e inteligente. Para ellos, era directamente amanerado pero muchos empezaron a adoptar disimuladamente su forma de terminar las frases y sujetar el cigarrillo entre calada y calada.

Todos querían saber quién era Jerry, de dónde había salido y a qué se dedicaba cuando no presentaba los informativos por lo que su imagen copó las portadas de la prensa sensacionalista con coloridos reportajes de Jerry posando en su cabaña de esquí de los Alpes franceses en las navidades de ese año.

Sin embargo, en febrero saltaba la noticia. Jerry aparece en diversas fotos con un apuesto joven cenando en un romántico restaurante, paseando de la mano por un parque a las afueras de Londres y mostrando inequívocas señales de cariño en diversos eventos públicos. Un día después de la publicación en las diversas portadas de los medios sensacionalistas, Jerry finalizaba su intervención en los informativos con un elocuente «Yes, I’m gay. So what?» que conmocionó a la, en apariencia, progresista sociedad inglesa. Sí, había gays en todos los estratos de la sociedad pero siempre se habían comportado con el pudor y el recato que las buenas formas exigían y, si alguno era sorprendido en tan vergonzantes circunstancias, desaparecía de los medios durante un tiempo o aparecía del brazo de una rubia pechugona en la siguiente ocasión para desmentir cualquier burdo rumor sobre su orientación sexual. Pero esa desfachatez, ese orgullo, esa transparencia,… Y dentro del «prime time», con niños escuchando…

Jerry fue retirado de los informativos de forma inmediata justificando la expulsión, no por su sexualidad (lo cual hubiera sido discriminatorio y de un tremendo mal gusto), sino por haber utilizado un programa nacional para comunicar noticias fuera del guion establecido. En cualquier caso, muchos se levantaron en defensa de Jerry, incluido él mismo, atacando la evidente hipocresía con la que la sociedad abogaba por la libre elección de la sexualidad de cada cual mientras atacaban a los que realmente sí se sentían libres y así lo expresaban públicamente.

Poco a poco, Jerry desapareció de la agenda mediática. Ya no aparecía en los medios por lo que se dejó de hablar de él y otros temas ocuparon la cabeza de los influenciables lectores. Hasta un año más tarde en el que Jerry apareció muerto en ropa interior en su casa de la City. Su cadáver aparecía al final de las escaleras con visibles señales de lucha. De forma inmediata saltaron voces en contra de la homofobia, la que todos suponían había sido la causa de tan terrible asesinato. Diversos manifestantes colocaron velas y flores a la puerta de su casa con elocuentes frases de apoyo y lo que se convirtió el lema contra el odio a los homosexuales: «Yes, I’m gay. So what?». Camisetas y chapas con las que los más activistas decoraron su pecho durante semanas.

Pronto surgieron voces que pedían explicaciones: ¿cómo había entrado en casa de Jerry un homófobo violento? ¿Por qué Jerry le abrió la puerta en calzoncillos? ¿Había habido algún tipo de violencia sexual?
La investigación concluyó identificando como presunto agresor y homicida a Roger B. McKellen, un «amigo» de Jerry con el que mantenía una relación de índole sexual. Al parecer y según la confesión del propio Roger, la noche del sábado el cuestión, Roger apareció en casa de Jerry habiendo bebido más de la cuenta y mantuvo una acalorada discusión con Jerry que terminó en un forcejeo en lo alto de la escalera y una desafortunada caída que resultó mortal. Un accidente, aseguraba entre lágrimas. Pero en principio, asustado por las consecuencias, no se atrevió a confesar.

Y así fue como las más disparatadas historias sobre las perversas actividades de estos dos individuos aparecieron de nuevo en los medios. Prácticas sadomasoquistas, falta de oxígeno para potenciar el orgasmo, sexo con animales y diversos aparatos de toda índole aparecieron descritos en detalle para alimentar el morbo de los lectores y reflejar la moraleja del cuento: si eres malo, te pasan cosas malas. Y ser gay y no avergonzarse de ello es algo muy, muy malo.
Roger fue condenado brevemente a pasar por la cárcel y publicó un libro de memorias con detalles, en su mayoría imaginarios, sobre su turbulenta relación con Jerry que vendió 1 millón de ejemplares y le resolvió la vida.

Y todos felices. Nadie preguntó si aquello, en vez de un crimen pasional fruto del amor mal llevado y de prácticas poco honrosas que se les fueron de las manos, podría haberse tratado de un caso más de violencia doméstica. Daba igual que Jerry hubiera abierto la puerta medio dormido ante las insistencias de Roger que le había suplicado durante semanas que hablara con él. Daba igual que Jerry supiera que Roger no estaba bien de la cabeza y que cuando bebía se ponía violento y por ello había terminado su relación. Daba igual que hubiera tratado de calmarle ante su ataque de celos, daba igual que fuera dos cabezas y 30 kg de peso menor. Todo eso daba igual.

Jerry fue incinerado en un crematorio en su Ramsgate natal acompañado de sus familiares directos. Sus cenizas fueron esparcidas en el mar, cerca de los acantilados de Dover, donde veraneaba cuando era niño.

Falling - Óleo sobre lienzo (100x100)

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