Declaración de principios

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Todo empezó leyendo algunos fragmentos de los libros de mis hijos. Tengo dos, Julia de 10 años y Jorge de 8, a los que trato de educar lo mejor que sé. Los libros de Jorge (“El diario de Greg”, “El diario de Dan”, “El capitán calzoncillos”, “Gerónimo Stilton”…) hablan de personajes masculinos en el colegio haciendo travesuras, super héroes imaginarios o ratones aventureros. Tienen un valor literario reducido pero cumplen con su misión: entretener a los niños para despertarles el gusto por la lectura.

Julia ha leído todos esos libros también pero un día le compré la versión femenina de uno de esos “diarios” tan conocidos. Creo que se llamaba “El diario de Nikki”. Pues bien, mientras que Greg o Dan hablan de profesores que parecen extraterrestres o chocolatinas que se derriten en el radiador, Nikki se preocupa por su popularidad, lo que va a llevar puesto, lo guapo que es Pepito y lo mucho que quiere que le compren un móvil. A Julia nunca le habían preocupado estas cosas pero, si lo que lee sobre personajes masculinos y femeninos tiene esas diferencias, a lo mejor empieza a creer que es lo que se espera de ella.

Porque un libro no marca la diferencia pero si a ese libro añades series de Disney Channel con niñas de 20 años pintadas como puertas diciendo que tienen 10, vídeos musicales con mozas bailando reggaeton en bikini a los pies del chulazo cantante de turno y Monster High con minifalda y tacones, a lo mejor, el mensaje va calando. Cuando compramos camisetas en H&M, las de chico tienen super héroes, carteles de películas que molan (Tiburón o Star Wars) o grupos de música (los Rolling, Nirvana,…) cosas que también le gustan a Julia (y que me gustaría poder comprarme para mí). Pero las de chica tienen flores, colores pastel y mensajes de autoayuda.

Estamos criando a una generación de niñas imbéciles.

De la película "Chicas malas"

De la película “Chicas malas”

Los libros o películas con niños protagonistas son de aventuras (se me ocurren: Harry Potter, los Goonies, Super 8, Stranger Things). Suele aparecer alguna chica en algún papel más o menos secundario y con un rol marcado: la lista, la que le gusta al chico, una que pasaba por allí. El peso de la acción suele estar a cargo de los personajes masculinos (sin desmerecer a ninguno de los ejemplos de películas nombrados anteriormente) y son productos pensados para niños y niñas. Si los protagonistas fueran niñas estaríamos hablando de películas de princesas, de adolescentes perversas de instituto, cachorritos, ponis, unicornios arcoiris o de “mujercitas”. Todo muy rosa y válido para ser visualizado solo por niñas. ¿De verdad las niñas prefieren ver ese tipo de contenidos o lo prefieren porque eso es lo que les hemos hecho querer ver desde pequeñas?

Sí, las niñas pequeñas quieren ser princesas. Pero a lo mejor es porque todas las películas que ven con personajes femeninos son princesas. Por muy modernos que nos pongamos con las últimas de Disney, Tiana, Elsa o la de Brave no dejan de ser princesas con vestido y pelazo. ¿Con quién van a identificarse si no?

Creo que, ahora que su imagen como seres humanos se está formando, todas estas cosas afectan tanto a las niñas como a los niños (que asimilan el papel que ven en las películas de las niñas). Y puedo quejarme amargamente y patalear muy fuerte pero eso no va a cambiar nada. Y puedo tratar de educar distinto a mis hijos, peleándome a diario con los valores que les inculcan los mil contenidos que ven en anuncios, series, vídeos musicales o películas, pero eso no evitará que estén rodeados de otros niños y niñas en el colegio con unos valores distintos.

Así que me lo he tomado de otra forma.

He escrito un libro. Para mi hija Julia pero también para mi hijo Jorge. Un libro de aventuras en el que hay niños y niñas. En el que la protagonista es una niña pero podría ser un niño porque no es imbécil. Un libro de misterio en el que todos juntos deben ayudar a descubrir un caso ayudando a la Guardia Civil. Sí, no lo resuelven solos porque en la vida real es peligroso: pueden ayudar con su ingenio y su inteligencia pero no se van ellos a descubrir al malo. Porque los malos tienen pistolas y son más fuertes que los niños. En definitiva, he escrito el libro que me gustaría que leyeran mis hijos. El que me gustaría que adaptaran a una serie o a una película. Sin ninguna pretensión más que aportar lo que pueda para cambiar una situación que no me gusta.

Mis hijos se lo han leído y les ha encantado. Y lo ha leído la profesora de lengua de Julia y lo están leyendo en clase juntos.

A lo mejor sí es posible cambiar las cosas un poquito.


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