Hiperrealismo, ese estilo que nos gusta

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Me gusta el hiperrealismo. Es impactante, es espectacular e impresiona la capacidad de retratar la realidad hasta el último detalle. Objetos cotidianos, cosas aparentemente sin interés como carreteras, edificios, vehículos, objetos de menaje, pero plasmados exaltando sus contrastes, con colores brillantes y tamaños inmensos.

Son representaciones de la realidad casi fotográficas (cuando el origen es además una fotografía, se denomina fotorrealismo  aunque sospecho que siempre es necesario partir de una foto para pintar algo con tanto detalle). Pero hay ciertos elementos que consiguen reflejar aquello que no puede conseguir la fotografía (o al menos no podía antes de los retoques digitales) que llaman la atención más especialmente (y que más abundan). Vamos a ver algunos ejemplos.

Cromados brillantes

Motos, coches, camiones, caravanas, cabinas telefónicas bajo el sol, saturando los contrastes. El resultado es muy efectivo gracias al uso del color negro que contrasta con el blanco y azules claros.

 

Reflejos posibles e imposibles

Escaparates, espejos y demás elementos reflectantes en los que no se refleja el espectador. La magia de ver una escena en la que nos reflejaríamos pero no estamos o el anhelo de ver cómo es algo cuando no estamos presentes. O saber por fin si la luz de la nevera permanece encendida cuando cerramos la puerta.

A veces mostrando hasta el último detalle de una foto (brillos, imperfecciones, desenfocados) y otras, eliminando deliberadamente partes de esta. Y, ¿dónde está el cristal?

Autor: el GRAN Richard Estes

Agua

Imágenes subacuáticas, gotas detenidas en el tiempo, tejidos húmedos, la línea entre el mundo por encima y debajo de la superficie del agua.

Autor: Dirk Dzimirsky

Expresiones non gratas

Huir de los retratos monos y convencionales, de sonrisa bobalicona y mirada firme. Expresiones fuera de contexto, exageradas, feas, forzadas, tomadas sin avisar, de la vida real.

Autor: Alyssa Monks

Grande, muy grande

Soportes de gran tamaño, muy grandes, que impresionan solo por el tamaño, por el realismo de las formas aumentadas a proporciones inmensas inexistentes en la naturaleza.

Autor: Chuck Close

Esta característica es especialmente espectacular en escultura, con figuras humanas increíblemente grandes, desnudas, inexpresivas, como cadáveres gigantes.

 

Autor: Ron Mueck

Y aunque hoy, gracias al Photoshop y demás ingenios mecánicos y digitales, sea posible eliminar brillos, personas reflejadas, fotografiar bajo el agua e imprimir a tamaño banderola cubre rascacielos, aún hoy me gusta este tipo de arte. Y no soy la única.

Y ¿por qué nos gusta? Nos impresiona la capacidad del artista de transmitir detalles de forma tan exacta, que hace que sea una corriente artística mucho más fácil de entender que el arte abstracto. Pero no es solo eso. Los resultados, como en fotografías muy saturadas a gran tamaño, son espectaculares.
Siempre he sospechado que estos cuadros se pintan usando un proyector (de diapositivas o uno digital hoy en día) reflejando la fotografía sobre el lienzo y «calcando» la imagen en este. Y siempre me ha parecido trampa. No vale calcar. Cualquiera puede calcar. Pero cuando ves una obra de este tipo de cerca te das cuenta de que es casi imposible hacerlo de otra forma y que sí tiene mucho mérito. Aunque solo sea por la paciencia que requiere.

Siempre he admirado la paciencia, supongo que apreciamos más aquello de lo que carecemos 🙂


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