Varadero, Cuba. Mayo 2009.
Cuando empezó en este trabajo hasta le gustaba la música, pero de eso hacía ya más de dos años. Ahora le palpitaba el cerebro cada vez que oía las mismas canciones machaconas una y otra vez. Poner copas en un hotel de lujo, un trabajo fácil.
Conocerás hombres, turistas con ganas de divertirse y dinero para gastar, le dijeron. Y era cierto. Los “regalos” eran la parte más importante de su sueldo.
—El próximo que venga es para ti —le dijo Dalila, su compañera de barra.

Y se acercó él.
Cuando llegó a la barra sólo dijo cuatro palabras: “I am a tourist”. Escribió su número de habitación en una servilleta y se alejó.

Ella tomó la servilleta, sonrió a Dalila y le siguió.

I am a tourist
Óleo sobre lienzo (120 x 80 cm)